Apasionante el epistolario de Joaquín Sorolla con su amigo Pedro Gil Moreno de la Mora. El primero, un hijo de tenderos criado por artesanos, el segundo, un banquero parisino y terrateniente catalán. Es la narración de un ascenso de clase a través del arte y la mímesis de las formas burguesas de sociabilidad, fundamentalmente el modelo de família.

Pero las notas a pié de página de Facundo Tomás y Felipe Garín, ambos catedráticos de Historia del Arte, y el segundo director del Museo del Prado durante el gobierno del PP, son un atentado al sentido común, que, a decir de los ingleses, y como aquí se puede corroborar, es el menos común de los sentidos. ¿Qué sentido tiene publicar el epistolario de Sorolla, si al margen te dedicas a contradecirle y retorcer sus argumentos para que encajen en tu visión del artista, que no es la que se desprende de sus palabras?

Con todo, como todo, vale la pena leerlo con espíritu crítico.

Facundo Tomás, Felipe Garín, Isabel Justo y Sofía Barrón (eds.), Epistolarios de Joaquín Sorolla: 1. Correspondencia con Pedro Gil Moreno de Mora. Barcelona, Anthropos Editorial, 2007.

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